Descifrando datos: Entre encuestas y discursos

Braulio Polanco
Por Braulio Polanco septiembre 9, 2017 09:54

La encuesta es una de las técnicas de recolección de datos que suele ser utilizada con mayor frecuencia en política, a través del instrumento conocido como cuestionario, conformado por una serie de preguntas o afirmaciones con respuestas sugeridas o abiertas (espontáneas), para indagar y descubrir la realidad social, nivel de bienestar, expectativas de la población, identificaciones partidistas, intención de voto y entre otras cosas medir el comportamiento electoral. Pero, la encuesta es solo la fotografía de un momento único e irrepetible, que permite hacer una lectura precisa de la realidad, pero dada a la dinámica social, la influencia de los medios de comunicación y los constantes cambios de humor de la opinión pública presenta margen de error. Por ello, debe ser utilizada para orientar las estrategias del quehacer político y la propaganda en función de lograr los objetivos que se traza una campaña electoral.

De acuerdo con Joseph Napolitan es un mito que la estrategia de publicar encuestas donde un candidato resulta ganador es favorable, debido a que puede provocar en los electores un efecto reverso, es decir, dado al hecho de que el candidato presenta una considerable ventaja sobre su oponente los electores no consideran necesario su voto para el triunfo electoral; lo cual puede ocasionar que el candidato “ganador de encuestas” pierda la elección.

En este aspecto se debe considerar la necesidad de hacer un instrumento (cuestionario) que se acerque a la objetividad y rigurosidad del método científico a fin de evitar sesgos o información basura que afecte la interpretación de los resultados y genere reflexiones inexactas, las cuales en lugar de favorecer al comando estratégico político lo oriente en una dirección equivocada. Al respecto es importante precisar la utilidad de los resultados y datos obtenidos de la encuesta en la elaboración del discurso de un candidato; por cuanto ella describe lo que el encuestado expresa en ese momento, sus necesidades, deseos, expectativas e intereses.

Por ello, el discurso no necesariamente debe decir “lo que el elector quiere escuchar”, sino que debe orientarse a cómo se da respuesta o atención a esas necesidades, inquietudes e inconformidades; porque en el discurso se debe incluir un mensaje no solo al ser consciente de cada elector sino trabajar con el inconsciente colectivo, para de esa manera incidir sobre los electores y lograr ese posicionamiento favorable al candidato.

Es que, la palabra del candidato debe crear un idilio con el ciudadano, solo así obtendrá su voto. Por lo tanto, para crear ese discurso el candidato debe conocer la realidad y hacer una lectura del entorno con la finalidad de tener certeza de su imagen en el colectivo, además de reconocer el contexto social, económico y político. Aunado a ello, debe proyectar una imagen coherente con el cargo que aspira para evitar las incongruencias discursivas-prácticas (que en el caso de Venezuela son casi costumbre) de los candidatos pusilánimes.

Es por ello, que todo candidato a elección de cargo popular debe tener la capacidad de descifrar datos para orientar sus acciones en función de ganar elecciones, así como dejar de ser títere de una burbuja situacional de quienes les rodean con adulaciones que llegan a robarles hasta las ideas y convertirse en un ser crítico reflexivo, y aprender a escuchar a todos, desde los estrategas hasta los ciudadanos; solo así logrará una visión 360° de la trayectoria en campaña.

Una campaña electoral no es solamente una propaganda o promoción política, implica la generación de un discurso que genere conexión (hacerlo viral, aplicar el buzz marketing), el mercadeo directo (cara a cara) con el elector, el mitin y demostración de fuerza, el respaldo de múltiples organizaciones (sectores educativos, productivos, profesionales, religiosos, partidos políticos, grupos estudiantiles, entre otros), vocería activa (militantes que piden el voto y llevan la promesa electoral al colectivos, desde las bases), militancia, estructura electoral e ingeniería electoral.

El jefe de campaña electoral que sea capaz de utilizar correctamente y leer sin sesgos los resultados de una encuesta podrá definir estrategias efectivas para lograr el objetivo de toda campaña: ganar la elección. Un candidato que viva la ilusión de la encuesta y se convenza por medios no científicos (como los medios de comunicación tradicionales, redes sociales, entre otros) que es el ganador, quedará en el sepulcro del ruedo electoral.

Ana María Osorio, periodista y analistas política. 

 

Braulio Polanco
Por Braulio Polanco septiembre 9, 2017 09:54