Del 12 de octubre por Douglas Zabala

Amarú Lombardi
Por Amarú Lombardi octubre 12, 2017 10:22

Desde mis primeros años en la escuela comencé a escuchar y leer acerca de la llegada de los españoles a estas tierras. Con gracias y curiosidad veía la vestimenta de esos personajes que ingenuamente la maestra me mandaba a dibujar para recordar el Dia de la Raza. Toda una historia novelada de cómo llegaron nuestros conquistadores y nos sacaron de la “ignorancia” a punta de espada y arcabuces, todo por la gracia de un Dios, distinto al que tenían nuestros originarios habitantes. Hoy leyendo la obra de José Gil Fortoul, “Historia Constitucional de Venezuela”, he descubierto un pasaje tenebroso de los alemanes y españoles en nuestro continente.

En 1528 el Emperador Carlos V da licencia y facultad, para que el alemán Ambrosio Alfinger pueda conquistar y poblar las costas comprendida entre el Cabo de la Vela y Maracapana.  En los siguientes años los alemanes junto a los españoles se lanzan tierra adentro en lejanas expediciones y según Fortul, quien, tomando nota de lo narrado por Fray Pedro Simón, estos conquistadores producen el primer acto de canibalismo que registran las crónicas venezolanas. En el curso de la segunda expedición, hallándose Alfinger por la orilla del rio Magdalena, decidió remitir a Coro la cantidad de oro que había recogido.

Esta encomienda se la confió a un grupo de sus mejores 24 hombres, pero resulta que se han extraviado de la ruta conocida y poco a poco se le fueron acabando los bastimentos que llevaban. Ya medio muertos de hambre enterraron el oro al pie de un árbol para volverlo a buscar en mejor ocasión. Mas, como sus fuerzas del todo les iba faltando, acordaron y de hecho lo hicieron, de ir matando indios e indias que les habían quedado de servicios e ir comiéndoselos cada día el suyo, si dejar cosas de ellos, tripas ni lo demás, porque nada les sabia mal; y aun sucediendo que matando al indio y arrojándole cuando lo hacían cuartos el miembro genital.

Dividieronse luego unos de otros por temor a que el hambre los obligara a matarse entre sí. Cuatro conquistadores que partieron juntos encontraron unos indios que les socorrieron con maíz y raíces; pero pareciéndoles poco cayeron sobre ellos, mataron a uno y tostaron la carne para que les sirviese de viatico. Nuestros indígenas en aquellos días, fueron destrozo miserable de las lanzas y otros fatales estragos de su misma confusión, pues atropellándose unos a otros por ocurrir a las canoas para escapar presurosos, hundiéndose en las olas, se encontraban con la muerte donde buscaban la vida.

La locura que les había provocado el mito del dorado, hizo de estos seres, hombres enceguecidos por la avaricia. Quizás por estas razones, cuando fueron expulsados del continente por nuestra gesta independentista, los mismos frailes, padres y obispos, casi en son de perdón, les rogaron a nuestros libertadores, no les fuesen a expulsar de estas tierras la iglesia, que había sido testigo de la crueldad, llegada a nuestras tierras a partir del aquel 12 de octubre de 1492.

Amarú Lombardi
Por Amarú Lombardi octubre 12, 2017 10:22