Colectivos que matan

Héctor Ignacio Escandell Marcano
Por Héctor Ignacio Escandell Marcano abril 7, 2019 17:27

Armados y disparando contra los que protestan por agua y luz.

El argumento bélico se impone sin que la razón logre agrupar un mínimo de resistencia, los paramilitares se ensanchan y los civiles se envalentonan. Las calles de San Felipe mostraron -apenas- una pequeña parte de lo que en Venezuela puede ocurrir si no se dejan de promover a los “colectivos” como guardianes de la paz. Una tragedia de dimensiones impensadas está tentando a la suerte.

En las últimas semanas de marzo y la primera de abril, Nicolás Maduro ha llamado, ha pedido, ha recurrido -reiteradamente- al poder de fuego, a las balas antes que a la razón. Impunemente utiliza los medios públicos para solicitar los “buenos” oficios de las bandas armadas para evitar la protesta social.

En Caracas, una mujer recibió un tiro y las cámaras grabaron a un grupo de hombres armados y disparando contra la comunidad que reclamaba por agua en la avenida Fuerzas Armadas. En Zulia, una mujer fue asesinada de un balazo mientras protestaba. Tenía 68 años y se llamaba Emperatriz Olivar. El disparo le entró por la espalda y, según vecinos del sector La Polar, la comunidad fue atacada por civiles armados cuando reclamaban en las calles por electricidad.

Según las leyes venezolanas, la Fuerza Armada tiene el control exclusivo de las pistolas y las balas. Según la legislación del país, el control de las manifestaciones es una exclusividad de los cuerpos policiales y de la Guardia Nacional. ¿En qué ley dice que los colectivos pueden usar armas y confrontar las manifestaciones populares?, ¿dónde?, El ministerio de la Defensa debería protestar. El ministro debería -al menos- exigir que sean los uniformados los únicos con potestad para usar la fuerza. Imagínense la balacera cuando los unos ya no sean panas de los otros. Como siempre, la ciudadanía decente y desarmada será la que ponga el pecho. Y los muertos.

Dice la periodista Sebastiana Barráez en una entrevista a Radio Fe y Alegría:

-Los colectivos son una sinvergüenzura de la Fuerza Armada.

La crisis venezolana también se mide en intentos por detener la barbarie. El sábado seis de abril, los habitantes de San Felipe, en el estado Yaracuy, se organizaron y emboscaron a los colectivos que -pistola en mano- iban camino a disolver una manifestación política. El resultado no pudo ser distinto: un enfrentamiento en el que ganan los que ejecutan mejor la táctica militar. Un hombre cayó herido de bala, la gente lo celebró como un triunfo, un desahogo. Hay quienes advierten de una guerra civil, lo cierto del caso, es que ya hay civiles enfrentándose y cayéndose a plomo. En Venezuela, la paz de los cementerios es la que impera. La quietud, la sumisión y la desesperanza es el único propósito de las políticas públicas.

Los colectivos existen y actúan, ya nadie duda de su capacidad para aterrorizar a la población, así como en Colombia, aunque aquí la diferencia es que no los queremos llamar paramilitares y su estructura es auspiciada por el propio gobierno para acabar de raíz con la disidencia política. En el país de al lado, los crearon los empresarios para matar guerrilleros, luego se metieron en política. Aquí nacieron al contrario y se dedican a matar a los que se atreven a pensar que un país diferente es posible.

El país de la escasez suma esfuerzos para que la gente se termine de ir. O para que se termine de morir.

Dice el director del Hospital Universitario de Maracaibo Mervin Urbina:

-Veinticinco personas murieron en el hospital en estos días, pero no son atribuibles al apagón, porque igual se iban a morir.

Una señora de Maracaibo llama a la radio y pregunta:

-Buenas, ¿qué me dicen de la luz?, desde el 25 que se fue y todavía no llega.

Otro hombre de Barquisimeto -angustiado- pide ayuda:

-Por favor, es para hacerle un llamado a la gobernadora y al alcalde. ¿Qué pasó con las cisternas que iban a mandar? Aquí no llega el agua desde hace 18 días.

Abril se perfila como un mes oscuro. Todavía no terminan de decretar su victoria contra la guerra eléctrica, siguen reparando. En los hospitales la vida pende de un bajón de electricidad, en el metro cruzan los dedos para que el tren no se pare y no toque caminar por los túneles. La economía ya casi no conoce al Bolívar y coquetea con furor las pretensiones del dólar. Las pimpinas siguen secas y por las tuberías no sale sino aire. Agua, bendita agua, ¿cuándo llegarás? El país sigue paralizado, con media jornada laboral y las universidades públicas casi cerradas. Sin duda, la oscurantina acecha y los colectivos están ahí, te ven, te vigilan y tienen la orden de disparar si se te ocurre prender una luz en medio de las tinieblas.

Héctor Ignacio Escandell Marcano
Por Héctor Ignacio Escandell Marcano abril 7, 2019 17:27