Contra el inmediatismo: los primeros tres meses de Guaidó

Braulio Polanco
Por Braulio Polanco abril 23, 2019 06:00

Foto: Agencias.

Sobrevivió a la tragedia de Vargas que mató a 30 mil personas, según cifras extraoficiales, y no lo usa como bandera política. Es sereno, no finge emociones y rechaza el culto a la personalidad. Tampoco se le quebranta la voz cuando da discursos que suelen ser cortos.

Se llama Juan Guaidó y más de 50 países lo reconocen como presidente encargado de Venezuela desde que se juramentó el pasado 23 de enero, junto a una multitud de seguidores en Caracas, apoyado en una interpretación del artículo 233 de la Constitución. Se llama Juan Guaidó, no se parece a casi ningún político que haya estado en la palestra pública durante los últimos 20 años y representa la amenaza más significativa para la autodenominada Revolución Bolivariana desde que llegó al poder de la mano del teniente coronel Hugo Chávez, que sufrió un breve golpe de Estado en el 2002.

Su popularidad ha crecido como espuma, pese a que antes de enero de 2019 era un político de bajo perfil. De hecho, algunos consideran que su salto al liderazgo opositor se trata de una “casualidad” o “accidente”, pues su compañero de partido Freddy Guevara, actualmente con asilo en la Embajada de Chile, debía asumir por encima de él la presidencia del Parlamento.

Repite constantemente que va bien, pero su cruzada política parece que se ha estancado a tres meses de su juramentación, cuando en un principio levantó muchas expectativas que llevó incluso a líderes mundiales, como el presidente colombiano Iván Duque, a decir que Nicolás Maduro tenía las horas contadas en el poder. Aunque ha realizado acciones contundentes, como congelar activos en el exterior o nombrar embajadores en decenas de naciones, Maduro aún no tambalea.

En medio de la zozobra que se vive, producto del colapso de los servicios públicos, la hiperinflación y la crisis eléctrica, muchos ciudadanos se hacen preguntas obligatorias: ¿Podrá lograr el “cese de la usurpación” de Maduro, como lo ha prometido, y ocupar Miraflores mientras convoca a unos nuevos comicios presidenciales? ¿Cuánto se tarda eso? ¿Acaso Guaidó representa un nuevo fracaso de la oposición?

Ruta y amnistía

El 11 de enero Guaidó convocó a un cabildo abierto, frente a la sede de Naciones Unidas, donde rechazó que un día antes Maduro se hubiese juramentado ante el Tribunal Supremo de Justicia como presidente de Venezuela para el periodo 2019-2025. Según él, las elecciones del 20 de mayo de 2018 fueron ilegítimas y, por lo tanto, Maduro se convirtió en un “usurpador”.

Por ello, fijó una ruta: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Lo hizo ante una multitud que esa mañana le pedía más: le exigía que asumiera la presidencia de la República inmediatamente. Su ruta no fue tomada en serio hasta que se juramentó 12 días después.

El primer gran objetivo que se fijó fue conseguir un “quiebre” militar a través de una Ley de Amnistía promulgada por la Asamblea Nacional, que perdonaría a funcionarios que contribuyeran a derrocar a Maduro y llamó a sus seguidores a realizar la petición en todos los comandos, especialmente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Esta jugada lo diferenció de otros líderes políticos opositores, que durante años han mantenido un lenguaje hostil contra los oficiales de todos los cuerpos de seguridad por “defender a la tiranía”.

La respuesta de algunos militares al proyecto, fue quemarlo.

El presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, dijo sentir orgullo de esta actitud tomada por algunos soldados.

La gran cita para conseguir influenciar a la FANB fue el 23 de febrero cuando Guaidó afirmó que cargamentos con ayuda humanitaria enviadas por diversos países, entre ellos Estados Unidos, entrarían a territorio venezolano “sí o sí” para salvar miles de vida. Y que los oficiales debían permitirlo.

No ocurrió.

De hecho, al menos dos camiones cargados de medicinas y otros insumos fueron quemados en la frontera con Colombia. Una investigación del New York Times sugirió que un manifestante, en medio de enfrentamientos, provocó el incendio por error.

Asimismo, en casi todo el país se reportó represión por parte de las fuerzas de seguridad contra manifestantes. Emiliana Duarte, una periodista venezolana que estuvo en Táchira ese día, relató a Radio Fe y Alegría Noticias cómo un guardia nacional le disparó y otros oficiales del Faes la apuntaron en la cara.

Sin embargo, aquel sábado se registraron deserciones: cerca de mil oficiales, a partir de ese momento, reconocieron a Guaidó como presidente encargado. La estrategia funcionó en algunos casos, pero no fue suficiente para representar una amenaza real.

En un principio, esto último estuvo muy bien visto. El senador norteamericano Marco Rubio, quien se ha mostrado comprometido con la causa de Guaidó, publicó en su Twitter: “Se estima que el régimen de Nicolás Maduro desplegó alrededor de 3.500 miembros uniformados de policías nacionales y militares a los cruces fronterizos con Colombia. Ya hay 567 desertores. Significa que más del 16% de las fuerzas de seguridad desplegadas en la frontera han abandonado el régimen en los últimos cinco días”.

Pero ahora estos soldados se han vuelto incómodos, tanto para las autoridades colombianas, que los mantienen en hoteles y casas hogares, como para Guaidó y su equipo, pues han dicho públicamente sentirse “abandonados” y “engañados” por el líder opositor.

Williams Cancino González, quien pertenecía al Faes antes de desertar, ha estado utilizando su cuenta de Twitter para exigir mayor respeto y mejor trato con quienes decidieron ponerse “del lado de la libertad”.

En una respuesta al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, aseguró que “nuestra solución es que nuestro C/J y Pdte. (E) @jguaido nos autorice actuar con la debida fuerza como lo autoriza la CRBV para apoyarlo y lograr el cese a la usurpación”.

“Nuestra misión de pasar a Cúcuta fue para apoyar al Pdte. Guaidó e introducir la AH pero no nos permitieron actuar”, dice en otro hilo publicado en la red social.

Cancino González también denunció recientemente que un grupo armado intentó “asesinatos selectivos” en contra de él y sus compañeros.

Mientras tanto, un reporte de la periodista Sebastiana Barráez señala que “grupos delictivos reclutan en Cúcuta a militares venezolanos desertores”.

La fantasía del 187

La Amnistía no funcionó, o al menos no lo suficiente, para lograr el llamado “cese de la usurpación”.

Ante esto, una nueva “alternativa” apareció con el pasar de las semanas: el artículo 187 numeral 11 de la Constitución, que autoriza una intervención militar extranjera en Venezuela si el Parlamento la solicita.

La principal impulsora de esta estrategia es la líder política María Corina Machado, quien sostuvo en una rueda de prensa que esta “es la mejor protección” para Guaidó, a quien la ANC le quitó su inmunidad parlamentaria.

Machado incluso respondió al encargado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliot Abrams, quien indicó a la prensa que la activación de este artículo era “prematura” para la administración de Donald Trump y sus gobiernos aliados.

Guaidó ha comentado esta posibilidad tímidamente y ha rechazado en un par de ocasiones que se le llame “intervención”, pues para él debe catalogarse como “cooperación” o “coalición”. En alguna oportunidad, recordó que el Libertador Simón Bolívar necesitó de Legiones Británicas para enfrentar algunas batallas, especialmente la de Carabobo.

En medio de intensos debates acerca del 187, Maduro autorizó el ingreso de militares rusos a territorio venezolano, quienes han montado un centro para pilotear helicópteros.

Tic tac

El tiempo pasa para Guaidó y miembros del gabinete de Maduro han amenazado con encarcelarlo en varias oportunidades, apoyados en señalamientos por supuestamente robar dinero a la nación o ejecutar saboteos contra el sistema eléctrico.

Pero hasta ahora sólo ha sufrido ataques directos en dos oportunidades: cuando el Sebin lo detuvo brevemente el 13 de enero, “por error”; y cuando el Faes llegó a su casa, donde estaba su pequeña hija, en el momento exacto en el que él daba un discurso el 31 de enero acerca del llamado Plan País: un proyecto que pretende recuperar a Venezuela de la crisis, si llega a ocurrir la “transición”.

El futuro político es incierto para el país con las reservas petroleras más grandes del mundo, pero el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, quien ha realizado una gira por América Latina para tocar “la crisis en Venezuela”, está seguro de que la “dictadura” de Maduro “caerá pronto”.

Guaidó, por su parte, ha convocado para este próximo 1 de mayo a “la manifestación más grande la historia”, tras juramentar a los “comandos de libertad” y asegurar en varias oportunidades que una marcha a Miraflores, “el centro del poder”, no está descartada.

Braulio Polanco
Por Braulio Polanco abril 23, 2019 06:00