Fe y Alegría Delta Amacuro, una escuela en el corazón de la selva

Eudo Torres @eudotorres
Por Eudo Torres @eudotorres octubre 30, 2018 11:32

Para llegar a los CCA hay que viajar hasta 8 horas. Foto: Diógenes Colina

En el año 2000, Fe y Alegría inició un proyecto educativo en Delta Amacuro que ha traspasado la década y va rumbo a los veinte años de trabajo continuo y apasionado, primero con Pedro Martínez hasta el 2017 y ahora con Diógenes Colina quien tomó la educación “caño adentro”.

“El trabajo de Fe y Alegría inicia donde termina el asfalto”, dijo José María Vélaz, sacerdote jesuita y fundador de esta organización; un eslogan que refleja la labor de esta institución en Venezuela. En Delta Amacuro, se tornó todo un compromiso social por lo que implica adentrarse en la selva para encontrarse con los estudiantes.

Frente a la falta de transporte, la lejanía de las pocas instituciones rurales en la selva, el derrumbe de las escuelas y el ausentismo laboral que influyen en el abandono de alumnos en zonas indígenas del Bajo Delta que refleja los tiempos de crisis, allí sigue Fe y Alegría.

Ocho Centros Comunitarios de Aprendizaje (CCA), dos parroquias y 334 participantes forman parte del proyecto educativo actual que se desarrolla en esta región, y próximamente se abrirá el noveno CCA en la selva, con lo que se pretende aumentar la matrícula escolar.

Todos los estudiantes son del pueblo indígena warao, sin oportunidades de estudios en las escuelas formales, algunos por la edad, otros porque jamás asistieron a escuelas de primarias, y están los que cursaron primaria en su pasado pero desertaron.

Compromiso hasta lo más profundo

Nadie lleva la educación de forma sostenida y metódica a la selva. He allí el reto que asumió Fe y Alegría Delta Amacuro desde el año 2000. Pedro Martínez, educador de descendencia española, asumió este compromiso de adentrarse hasta lo más profundo de la selva con un cuaderno, un lápiz, un pantalón arremangado, descalzo y una lancha con un corazón como logo… y muchos sueños.

Ya han pasado 18 años y la labor sigue tan viva como el primer día. Diógenes Colina ha asumido el relevo y las escuelas siguen abiertas enseñando desde la primaria y con una cercanía social que nace desde la empatía y la cercanía del idioma. Martínez aprendió hablar el warao, y Colina, por ser originario, es hablante del idioma.

El amor se construye desde el piso

No hay aula ni escuela formal, no hay pupitres, ni docentes remunerados por el Ministerio de Educación. Solo una casa sin paredes, un río con un puente de madera, la selva como vecinos y los animales como compañeros.

Cada jornada educativa se realiza en la casa de algún participante, donde el piso sirve como pupitre y una columna de madera sirve como base para una pizarra acrílica que se mueve cada vez que pasa la brisa.

¡Porque Fe y Alegría está más allá de donde termina el asfalto!

Eudo Torres @eudotorres
Por Eudo Torres @eudotorres octubre 30, 2018 11:32