La angustia e impotencia de vivir los apagones desde afuera

Braulio Polanco
Por Braulio Polanco abril 3, 2019 09:05

Foto: Archivo.

A Mario el primer apagón nacional que se produjo el 7 de marzo lo agarró llegando a Estados Unidos. Es un veterano periodista que decidió emigrar este año en busca de oportunidades que le permita sacar a su familia del país en medio de la crisis económica, política y social que vive.

Ahora, cuando la crisis eléctrica venezolano ha llegado a un punto sin precedentes, afirma que “no es fácil” para él como padre de familia estar lejos de su esposa y tres hijos en edad de primaria.

“Llegué en medio del primer apagón y tenía la esperanza de que iba a volver la luz, pero cuando iban pasando las horas y los días me entró una sensación de estrés bastante fuerte de pensar en las consecuencias a futuro: si la luz no vuelve, como ocurrió, la comida se iba a dañar, entonces cómo iba a hacer mi familia”, cuenta. “Esas preguntas te pasan por la cabeza, más cuando eres jefe de familia”.

Mario es del Zulia –específicamente de Maracaibo– donde la situación parece ser peor que en cualquier otra entidad de la nación, con diversas zonas donde se reportan hasta ocho días continuos de apagón. Confiesa que ha sentido depresión por no estar cerca de sus seres queridos para “acobijar”.

“Particularmente me he sentido deprimido porque viene la sensación de querer estar ahí para abrigar, acobijar, para animar”, comenta. “Aunque uno puede comunicarse, no es lo mismo”.

“Mi esposa me dijo durante el segundo apagón que no pudo comprar comida; eso me puso mal, mal, mal, hasta un punto en que casi me quiebro al no poder hacer nada. Lo primero que te pasa por la mente es montarte en un avión y regresarte y meterte de nuevo en la candela”, dice Mario, quien asegura que lo único que lo hace fuerte es el deseo de sacar a su familia de Venezuela y para eso debe trabajar en el exterior.

Esta situación se repite, pero con diferentes rostros: son miles los venezolanos que han tenido que vivir los apagones con angustia desde otros países. Por ejemplo, Anamar está en Chile y sus padres, ambos con más de 60 años, han sufrido los cortes eléctricos con intensidad, hasta el punto de tener que dormir fuera de sus habitaciones “viendo las estrellas”, como le dijo su mamá.

“Mi comunicación con ellos es intermitente. Casi todos los días hablamos, pero poco. Les pregunto cómo están y al día siguiente me responden que bien”.

Esta joven de 23 años no duda en su respuesta cuando se le pregunta sobre cómo se siente en haber salido antes de que iniciara la tragedia eléctrica. “Me siento bien de haber salido de allá y mal al mismo tiempo porque no tengo a mis papás conmigo (…) Por más que quiere ver a mis familias y amigos, no volvería”.

Robinson es el hermano mayor de tres, y su familia está dividida entre Caracas y Maracaibo. Su mayor impotencia por estos días es no poder estar en casa para ayudar en lo que pueda, aunque señala que tal vez “estar allá sería una carga de más”.

“La comunicación con mi familia ha sido muy poca. De hecho, con mi hermana que es la única que está en Caracas es que puedo por medio de ella saber cómo está mi familia, porque la conexión de WhatsApp allá es prácticamente nula. Cuando mucho hablamos dos veces al día”.

Robin, como lo conocen sus amigos, se encuentra residenciado ahora mismo en Argentina y cuando algún argentino le pide que trate de describir la situación, él responde: “cuando yo estaba allá, y se iba la luz por más de 4 o 5 horas, lo peor que te podía pasar es que te aburrías o tenías poca carga en el teléfono; hoy día lo que veo es que se hace casi imposible conseguir cosas básicas como agua, como alimentos; sumado a lo difícil económicamente que era conseguir alimentos, ahora casi todos los negocios están cerrados. Así tengas plata es casi imposible conseguir algo de comer, o al menos eso me dicen a mi”.

Braulio Polanco
Por Braulio Polanco abril 3, 2019 09:05