Las funcionarias públicas también sonríen por @iracosvi

Irani Acosta|@iracosvi
Por Irani Acosta|@iracosvi febrero 2, 2018 08:25

Después de 3 cortes de electricidad de 3 a horas cada uno durante el día anterior y otras 4 horas en la madrugada desperté aquel jueves 28 de diciembre con más sueño del que tenía cuando me acosté, no tenía ganas de despegar el cuerpo de la cama.

Somnolienta tomé el celular para ver la hora y activé los datos para conectarme con el mundo, fue entonces que vi en mi bandeja de correo una notificación de asignación de cita para uno de esos trámites financieros que cuesta Dios y su ayuda hacer. Yo llevaba meses esperando.

La sorpresa me hizo pegar un brinco de la cama y con pasos errantes de un lado al otro en mi habitación iba recogiendo la toalla, la ropa, las cotizas y demás cosas para ir a bañarme mientras pensaba: ¿Carta de residencia?, son las 10am y Maduro decretó horario navideño.

Por mi casa el internet es un privilegio de pocos, pues para Los Haticos “no hay puertos disponibles” dice cantv (empresa de telecomunicaciones), ni porque queden libres cuando se roban los cables en los sectores aledaños.

Me apuré en alistarme y salir, llegué a la radio donde trabajo a golpe de 11:30am aunque estaba de vacaciones, con la velocidad del internet auxiliar que había disponible logré entrar al portal del Consejo Nacional Electoral (CNE) para descargar mi carta de residencia, mientras tanto el portal del Servicio Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat) me indicaba que mi solicitud de ingreso para imprimir mi comprobante de registro de información fiscal no podía ser procesada.

La página del CNE funcionaba como si no fuera el portal de un ente público venezolano, llené el formulario en línea y rápidamente descargué mi vaina en formato PDF.

La página del Seniat procesó mi solicitud en el vigésimo sexto intento, a todas estas me dieron la 1pm.

Cuando revisé noté un detallito en la dirección apuntada en la carta de residencia, diligentemente intenté ingresar para corregir y la que se fue de horario navideño fue la página web del CNE, mis intentos por las siguientes 2 horas fueron infructuosos.

Jugando con mi suerte me fuí a hacer mi trámite sin tener todos los requisitos, me daba pena explicarle a quien me atendía lo que ella ya sabía: que me faltaban las firmas y los sellos porque pasé la tarde anterior y la noche sin electricidad con mi celular descargado y a penas en la mañana vi el correo, que en mi casa no hay internet porque no hay puertos suficientes para todos, que el transporte es escaso y que tuve que registrar hasta el último bolsillo de cada pantalón en casa para reunir el dinero en efectivo de los pasajes para movilizarme, que la página del CNE y la del Seniat son todo una odisea, que en la prefectura trabajan hasta la 1pm y que cuando logré tener el papel ya eran más de las 2pm, entonces, agotada después de 45 segundos de explicación sin respirar, pregunté, ¿Será que me dan chance para venir mañana?.

La funcionaria que me atendía tardó tres segundos en responder y fueron los tres segundos más largos de mi vida, no estoy segura de si mi corazón se detuvo, pero sí de que mis manos sudaban frío y no era capaz de pestañear.

Incluso aquel accidente de tránsito que tuve hace años con mi padre y por el que terminé 2 semanas semi-hospitalizada en casa con un collarín, medio inútil por un mes y sufriendo de dolores en una rodilla por casi tres años (y que aún debes en cuando vuelve a doler), transcurrió más rápido que esos tres segundos.

Pensaba en ese instante: es 28 de diciembre, jueves, dos de la tarde, esta gente querrá vacaciones, ¡Diosito haceme el milagro!

Cuando aquella mujer, con la amabilidad que no caracteriza a los funcionarios públicos y a las funcionarias públicas de este país, con sonrisa incluida, me dijo: ¡tranquiiiila puedes venir mañana!, yo me sentí como debió sentirse Rocky Balboa cuando venció a Iván Drago, el Ruso, en Rocky IV.

Salí de ahí aún incrédula de que tuviera otra oportunidad y sobre todo de la amabilidad con la que fui tratada.
Había dado 15 pasos afuera de aquella oficina ¡y zas! se fue la luz, cooooxx gritó más de uno y más de una. Eran las 2:30pm y el centro de Maracaibo se había quedado sin luz, otra vez.

A fuera en la calle 100, conocida como avenida Libertador, lo único que cambiaba era que a falta de electricidad y sin puntos de venta el comercio quedaba semiparalizado y aumentaba el número de personas en búsqueda de transporte. Lo demás era más o menos igual, semáforos invisibles por ignorados, sensación térmica de unos 45 grados que aturde a todo el mundo, aceras repletas de basura, este 2017 no hubo arbolitos, ni bambalinas, ni nacimientos, ni lucecitas de navidad a la venta.

Más de un carterista aprovechaba los tumultos de gente a las puertas de los autobuses y toqueteaban especialmente carteras de mujeres pescando cuanto se les queda pegado a las manos.

Los pocos buses y microbuses que había arrancaban con gente que pretendía irse así fuera en los pernos de los cauchos.

Una grúa adaptada para el transporte público, un camión cava 350 con ventanas hechas en casa, camionetas pick up cuyo parachoques iba rozando el asfalto, entre otras, conformaban la variedad exótica que se presentaba como alternativa para la movilidad ciudadana.

Estaba convencida de que tenía que salir de ahí antes de que el caos y la anarquía terminaran de apoderarse de aquel gentío. Atravesé la calle y me doblé la muñeca tratando de abrir la puerta de un viejo farlaine 500 que llevaba su coco de Haticos.

Ya montada y camino a casa me tocó pagar aquello de atravesar la calle, 2800 bolívares de pasaje y un “y agradezca que soy yo, porque otros están cobrando 3500 bolívares”. (Ya en enero ese pasaje cuesta 5500 bolívares gracias a la hiperinflación).

Llegué a casa y tras unas cinco horas y media sin luz, mi sobrino pidiendo un tetero que no se podía hacer sin licuadora, el tanteo del pollito en el congelador pa’ ver que no se echara a perder por falta de refrigeración, una y otra conversa, una mirada a las estrellas y hasta el cumpleaños feliz del compadre en la oscurana, se terminó de ir el día de los santos inocentes.

El 29 de diciembre arrancó temprano para mí, el apagón llegó a las 4am mucho antes que el sol, y con él mis oraciones para que volviera la luz a tiempo para que abriera la prefectura.

A las 9am llegué al terminal terrestre de pasajeros de Maracaibo, casi me voy en vómito con el olor a cloacas que envolvía al terminal por un bote de aguas negras permanente.

Salté mis charquitos de aguas negras para llegar al edificio del Imtcuma donde tiene su sede la prefectura de mi parroquia. Ahí subí varios pisos por las escaleras, allá adentro no importa si hay o no electricidad, esos pasillos igual siempre son oscuros

Sólo sabes que alguien viene bajando porque le escuchas los pasos, al llegar al piso correspondiente sorpresivamente un funcionario público me recibió con amabilidad, al indicarle mi propósito me pasó con una secretaria, una doñita abogada de profesión de unos setenti tantos años, calculo yo, me atendió con muy buen ánimo.

En contraste escuchaba a unas mujeres, no precise cuántas eran, pero más de una con seguridad, que rogaban a la prefecta les firmara la constancia de residencia.

Por un instante volvió la angustia a mí. Pensaba: es que no puede ser tan fácil, es viernes y 29 de diciembre, entonces invoqué a Cristo y oré.

La doñita me vio el susto en la cara y me preguntó ¿estas son para firmar aquí, verdad?, me apuré a contestar: sí, yo vivo en esta parroquia.

Entonces me explicó: es que imagínate, ellas viven en San Francisco y allá no están trabajando hoy y quieren que se les firmé por aquí y eso no se puede porque el sistema las personaliza con el nombre del funcionario o funcionaria que debe de firmar.

En eso, la prefecta llamó a la doñita y ella aceleró el paso y exclamó “ahora me va a regañar a mí, vais a ver”…

– ¿Usted no le explicó que eso no se puede hacer?

– Claro doctora yo les dije, pero insistieron en hablar con usted.

– No se puede. Además nosotros somos del gobierno saliente (Arias Cárdenas – Psuv), a mí no me están pagando, estoy aquí porque el presidente Maduro dijo que teníamos que estar hasta la 1pm, pero allá en San Francisco son del gobierno entrante (Omar Prieto – Psuv), a ellos si les pagan y se van de vacaciones, eso no es justo. Que vayan a allá, ellas verán si tiran piedras o qué.

La señora abogada regresó a su escritorio y terminó de atenderme con la misma amabilidad con la que me recibió y en menos de 20 minutos yo estaba lista, por supuesto antes de partir me indicó que pedían “una colaboración”, aunque el trámite es gratuito, lo que yo quisiera dar.

El problema no es lo que quiera o pueda dar, porque si un refresco de 350 mlts ahí vale treinta mil bolívares, cualquier monto es insignificante, el asunto es el efectivo que no hay.

Sin darle más vuelta a la cabeza y sin sacar mucha cuenta metí la mano en la cartera y lo que agarré le dí.
Con un deseo de feliz navidad y próspero año nuevo salí de aquella institución pública e hice mis trámites sin más complicaciones.

En un contexto de hostilidades la vida se vive en ese instante en el que logramos SER GENTE, la angustia y la incertidumbre que causa el caos y la anarquía se puede borrar un rato con un simple gesto de amabilidad.

Estas funcionarias públicas que me atendieron con educación, buen ánimo y amabilidad marcaron la diferencia al cierre de mi año 2017, me recordaron que sí podemos ser diferentes, que sí podemos ser mejores personas pese a las circunstancias.

Ellas me recordaron que SER MEJORES PERSONAS ES UNA DECISIÓN PERSONAL QUE FAVORECE A LA SOCIEDAD EN LA QUE VIVIMOS y que finalmente la decisión es nuestra, y que sin lugar a dudas el tamaño de la responsabilidad de nuestros representantes de gobierno, por el desgaste diario en cosas que deberían ser simples, es gigante.

Irani Acosta|@iracosvi
Por Irani Acosta|@iracosvi febrero 2, 2018 08:25