Y devolvieron las notas

Irani Acosta|@iracosvi
Por Irani Acosta|@iracosvi febrero 18, 2015 03:10

Esta historia es increíble, sacada de la vida real. Transcurría el mes de diciembre del 2014. Unos profesores de un colegio de Fe y Alegría, ubicado al oeste de Maracaibo, en lo que yo llamo “el lejano oeste”, se dirigían al plantel, llevaban consigo las notas del primer lapso, habría consejo de docentes, de repente fueron sorprendidos por una de las bandas armadas del sector, de esas que ahora deciden por dónde y cuándo transitar -no crean que es sólo un fenómeno caraqueño- los atracaron y, sin distinguir qué tenía valor para ellos, robaron las notas de los estudiantes.

La alarma fue general en la escuela, cuenta Teresa, la valiente directora, a nadie le gusta ser asaltado, pero más que los celulares, lo que angustiaba a los 2 profesores eran las notas. Hay que decir que todavía tenemos educadores que ponen los intereses de sus alumnos por encima de los personales. “¡El teléfono lo repondremos, pero las notas!” -decía uno de los docentes. Ya el año escolar pasado una maestra había puesto la renuncia después de un evento similar. No se le puede pedir a la gente que arriesgue su vida todos los días.

Hubo movida en la comunidad. Teresa se reunió con voceros de consejos comunales, había que recuperar esas notas, sus hijos serían los perjudicados. Ya se sabía cuál banda era la culpable. El “jefe”. Un chico de 16 años que desde los 11 andaba en esas actividades. “¡Da dolor! -comentaría la directora- niños delinquiendo, ¿quién se ocupa de ellos?”. Fe y Alegría es responsable de ese centro educativo sólo desde hace año y medio. No hay raíces ahí todavía.

Pero continuemos con el relato. La comunidad se activó. Nadie supo quién dio con los preciados documentos. Las notas aparecieron en un paquete al día siguiente en la escuela. Los vecinos advirtieron que los profesores tenían que ser respetados. Ninguno planteó renuncia esta vez, pero sí decidieron hacer un plan: conversarían con el Centro Gumilla para hacer trabajo de formación de líderes, abrirán un grupo de Madres Promotoras de Paz… Nada de subir la cerca y aislarse, al revés, aliarse con la comunidad para que no sigan las bandas reclutando menores para delinquir.

Lo que contamos pudo haber pasado en cualquier ciudad del país. Las escuelas con entornos violentos además de angustiar a alumnos y profesores, se ven obligadas a ocupar su atención en resolver problemas como el planteado en esta historia. El gobierno debe tomar en serio este asunto de las bandas, hay que controlarlas, y también urge que se destinen recursos para la atención de niños y adolescentes en situación de riesgo. Hay que decir que no tendría que comenzar de cero, hay gente en este país que viene estudiando el fenómeno. También hay que destinar recursos para la prevención. No se le puede dejar todo a la generosidad y a la valentía de gente como los maestros que reseñamos en esta historia. De todos modos, mientras llegan las políticas públicas, que Dios bendiga y acompañe a Teresa y su equipo.

 Luisa Pernalete|Fe y Alegría

Irani Acosta|@iracosvi
Por Irani Acosta|@iracosvi febrero 18, 2015 03:10